¡BIENVENIDO!
Francis Bacon
viernes, 26 de agosto de 2011
A quien corresponda
domingo, 8 de mayo de 2011
AMAR Y CONOCER
...pero es aún más cierto que NADIE NO AMA LO QUE CONOCE.
lunes, 4 de abril de 2011
LAS ALAS DEL QUIZÁ
- *El otro día soñé contigo...
- - A ver cuenta
- * mejor no te lo cuento para que se haga realidad ¿no?
- - No
- * ¿No se hacen realidad?
- -No
- *¿Los sueños no se hacen realidad nunca?
- -No sé
- *Ojalá que si
- -Ojalá
- *Ojalá que éste más
- -Ojalá, Ojalá
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- -¿Cuando vienes?
- *Uno de estos días.
- -¿Pronto?
- *Tal vez
*** -Buena combinación pero me gusta más junta:
"UNO DE ESTOS DÍAS OJALÁ UN TALVEZ"
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Los mexicanos son lindos hasta para decir que NO. El alma se queda tranquia con un "quizá" y siempre se agradece un "tal vez".
lunes, 31 de mayo de 2010
viernes, 14 de mayo de 2010
FIESTA CHARRA, ENCUENTRO CON LA MEXICANIDAD
La charrería como deporte surge tras la Revolución Mexicana, cuando los antiguos terratenientes emigran a las Ciudades, principalmente de México y Guadalajara.
En ellas se organizan asociaciones de charros que gradualmente se extiende por todo el país.
Esta práctica está basada en las actividades tradicionales de la ganadería. Implica hacer gala de las habilidades ecuestre que los charros o vaqueros mexicanos realizaban para ganarse la vida y también para divertirse durante las fiestas o ferias de su localidad o región.
Consiste en 9 suertes en las que el charro interactúa con vaquillas, toros y caballos, poniendo en riesgo su propia vida y dando muestra de la supremacía del hombre sobre la naturaleza en su constante lucha en la que, casi siempre se ve triunfante la razón.
La charrería es considerada un deporte por las reglas con las que se practica, una tradición pues se trata de un bien cultural heredado de generación en generación y un arte por la belleza que engalana la fiesta charra.
Los valores en que se sustenta, son en el fondo los valores de la nación mexicana: el honor, la patria y la familia. El charro como el hombre mexicano es capaz de dar su propia vida en defensa de la patria, el honor y la familia.
Por ser un emblema nacional y porque México es un Estado laico, se evita mencionar el 4° eje en el que se sustenta la charrería y el país mismo: la religión católica y en especial la devoción por la Vírgen de Guadalupe.
La charrería y todos sus elementos son un símbolo de identidad por significar el resultado de la combinación de razas que dio orígen a México, es decir el mestizaje, como el nacimiento de una nueva nación.
Significa la emancipación del indígena, que se dio cuando le fue permitido montar un caballo y al mismo tiempo la herencia hispana de las prácticas ecuestres.
Sin nostalgias al pasado prehispánico, ni añoranzas al viejo mundo, la charrería se levanta como el propio espíritu de México: alegre, gallardo, fiestero, valiente, íntegro, conservador y hozado.
jueves, 14 de enero de 2010
domingo, 20 de diciembre de 2009
viernes, 18 de diciembre de 2009
viernes, 21 de agosto de 2009
LOS DICHOS DE BOS
*Tras la desconfianza se encuentra la seguridad...
*Quien no arriesga no cruza la mar...
*Hijo de español, caballero. Hijo de caballero, rico. Hijo de rico, limosnero...
*Perro que come huevo aunque le partan el ocico...
*Dios dame suerte que dinero pa que lo quiero...
*Persignarse y no turbarse
*El que por su gusto es buey hasta la coyunta lame
*Nunca falta la gente que mete cordón para sacar liston
*Cuando la mula dice no paso y la mujer me caso: la mula pasa y la mujer se casa
*Vivir como Carlos Slim, y pensar como Carlos Marx
domingo, 26 de julio de 2009
CABUNA
Inmensa, creciente, exorbitante, misteriosa y rotunda.
El lugar dónde convergen todos los destinos y en dónde uno cree que nuca encontraría alguien por casualidad en el metro. Esta ciudad que finje mantenernos en el anonimato de las masas. En la que puedes andar sin explicar de donde vienes. En la que nadie te observa. Por la que todos transitan. Y en la que todos te acechan.
La Ciudad de México, inconquistable, desconocida, lejana. Aquí en dónde el tiempo se mide de otra forma y transcurre a distintas velocidades. En la que todos tenemos prisa y vamos 10 minutos tarde. Aquí donde incluso, de manera perfecta, coexiste el pasado, el presente y el destiempo.
La ciudad más grande del mundo, la más poblada, la más compleja, la más completa. La Ciudad que intimida desde el cielo, que amenaza bajo la tierra y que crece hacia todas dimensiones; la que nunca duerme, ni nunca calla, la que olvida con facilidad y enamora de todas las formas posibles.
No se pareca a ninguna otra. No es ni romántica, ni hieratica, ni nostálgica, sino todas a la vez.
Es absolutamente irrepetible y maravillosa. Magna. Secreta.
En la Ciudad de México, hay lugar para todos y los milagros ocurren en cada esquina.
Esta ciudad es hogar para quien se atreva a conquistarla. Y su mayor paradoja es que siempre, no importa cuantos años hayas pasado en ella, podrás salir un fin de semana a caminar sus calles y volverte extranjero. La gente que aquí habita se tienen miedo entre sí pero se hablan, sin conocerse, como si fuesen viejos amigos.
Aunque la cotidianidad de la rutina maquilla el palpitar de sus fulgores, siempre encuentra una nueva manera de sorprenderte.
****
En el corazón del "monstruo", en las calles con olor a tiempo mezclado y garnacha de maíz, donde puedes escuchar todos los sonidos de la urbe de una sola vez, el silvido del metro, la voz de los vendedores que ofrecen softwares para piratearse internet, la conversación de una familia que pasea, el claxon de los cientos de autos que buscan su lugar, música guapachosa que anuncia baratas entre mezclada con el silindrero... Justo en el centro, en el Centro Historico habitado por intelectuales, artistas, ancianos, comeciantes, locos y perdidos, existe un lugar que aveces está y otras veces desaparece: CABUNA.
Una posada en la que puedes comer, beber, hablar y sobre todo mirar desde el cuarto piso el insesante movimiento de la urbe que nunca para.
CABUNA, el paladar de las hormigas, es un lugar de complicidades al que sólo se accede con invitación, buenos motivos y sin prejuicios. Se trata de un restaurante clandestino que apuesta a la idea liberalista de la "confianza del hombre en el hombre", la cordialidad y calidez entre desconocidos. Más que un sitio, es un momento en el que los destinos y las pistas, convergen para bien comer.
En Cabuna probé el arroz dulce y tomé café vienés mejor que el de Viena. En Cabuna olvidé porqué estaba triste y tuve la edad universal. Cabuna fue una buena manera de decir hasta luego a una de mis mejores cómplices y también de reencontrarme con la Ciudad de México.
La pista llegó a mí desde la frontera más transitada del mundo: Tijuana, fue buscada durante largos meses y resuelta en el mejor momento, justo para compatir con una viajera próxima el placer de esta ciudad a la que siempre se tiene que volver.
El viaje subterráneo duró lo suficiente como para ponernos al tanto de nuestras vidas y cruzarnos con los chinos estadísticos.
El mapa dibujado en un papel, fue suficiente para dar con el estrecho edificio, lleno de timbres, en el que una chica rubia, delgada y sonriente nos recibió como parte de la familia. Todo, desde el principio tuvo un toque absurdo...
CONTINUARÁ...
sábado, 20 de diciembre de 2008
Serial: ** NADIE AMA LO QUE NO CONOCE*** Entrega: El hombre de mis sueños

El complejo universo de significados dónde se gesta la identidad mexicana tiene en el centro a un personaje dominado por las paradojas: el charro...
La figura del charro consiste en un sólido estereotipo, representante de lo mexicano, en términos de imagen ideal: Señor de sí mismo, de su familia y de sus bienes. Un hombre de una sola pieza, independiente, emprendedor y acomodado. Amo irrestricto de sus fincas y potreros, enérgico con sus hijos y paternal con sus servidores.
El charro siempre habla de la mujer con respeto, es vista por ellos como figura investida por la beatitud de la maternidad y en ella recae el sostenimiento de la familia.
Pragmático y firme hasta la obstinación, valeroso hasta la temeridad, creyente fiel y sincero. El charro se distingue también por su apego a la tierra que le vio nacer, su sólido instinto familiar, su firme convicción en el deber ser y su gallardía. Es, además, ágil, empeñoso, libre, bravo y sensible.
Es franco, seductor y exultante. Encarna una masculinidad derivada de la compleja mezcla de normas, valores, representaciones y prácticas, que tienen lugar en las áreas de su universo simbólico: las relaciones entre los sexos, el poder, la cotidianidad, su vestimenta, la familia... es decir todos y cada uno de los aspectos de la vida del charro.
Los ejes de la conformación del estereotipo son: LA FAMILIA, LA PATRIA Y EL HONOR.
La familia como institución fundamental, la patria y su arraigo a ella como eje de su identidad y pertenencia, y el honor como su código de conducta.
La charrería es la representación simbólica de la voluntad colectiva del pueblo mexicano, por lo que fue institucionalizada como deporte nacional y los charros representan la tercera fuerza reservada para el ejército.
Las deformaciones de las características del charro se convirtieron en el concepto del macho mexicano. Digamos que sus características llevadas a la patología conforman en el imaginario colectivo la imagen kitch del hombre bebedor, fiestero, mujeriego, cursilón, bravucón y represor de las mujeres, en algunas ocasiones hasta golpeador y bandido...
Hay que reconocer que el cine de oro mexicano apoyó la imagen distorsionada de los hombres mexicanos... que, en realidad y sin duda alguna, ¡no tienen igual!... y si de manera honesta guardan en sí los valores del charro, ¡no hay mejores en el mundo!
El hombre mexicano es el hombre de mis sueños...
Por otra parte la charrería, como manifestación cultural de nuestro país debe ser discutida hoy, no solo por los charros mismos, sino por los estudiosos de las vertientes de la cultura nacional y también por sus detractores.











