Hay que nadar contra corriente cuando se es un mexicano que habla con orgullo de su Patria. Desertores se encuentran por cientos. No falta el que hable mal y justifique su propia huída con el fallo sistémico de su tierra natal y recurriendo al lugar que se ha vuelto tan común: "la inseguridad". Traidores que culpan de su mediocridad al el desempleo y la violencia...
No ayudan las noticias siempre plagadas de sangre, de muertos y de dolor que son las capaces de cruzar el Atlántico y dar luces de lo que hay del otro lado del mar en México. Hay que recordar también que los intelectuales, pseudo intelectuales, periodistas e investigadores, en todas partes del mundo, han encontrado su modus vivendi volviendose unos criticones y no verdaderos críticos que sepan poner en su justo medio la realidad. Se basan en las ideas democráticas, que tienen un repunte de su popularidad, e indican que hay que promover una cultura de "denuncia" y que "pobre del tirano en el poder que corrompa los derechos humanos". Sin embargo no debemos acostumbrarnos a justificar nuestra existencia en el error, ni insertarnos en el territorio de confort que significa el -sólo- quejarse.
Es normal, que con un poco de tiempo, todos estos factores conformen una mala imagen de nuestro País. Imagen que no significa para nada un -abstracto- sino significa un prejuicio.
Los lugares somos las personas. México se va con todos y cada uno de los trotamundos. No es México el corrupto, el violento, el narcotraficante, el retrógrado, debilitado, el lento, el malhecho, el déspota; eres tú, yo, nosotros: los somos los que vamos a tocar puertas, los que vamos a prepararnos al extranjero, los turistas y los inversionistas. Los maestros, las madres, los guadalupanos, los músicos, los artistas. Todos somos los que llevamos estos adjetivos en la frente. Peor: Los mismos que lo reafirmamos hablando mal de nuestro País a la menor provocación.
Si bien es cierto que México atraviesa una oleada de sangre que no puede dejar indiferente a nadie y este escrito no es un exhorto a tapar el sol con un dedo. Los buenos mexicanos, seguramente la mayoría de los 100 millones que tuvimos la fortuna de nacer en el cuerno de la abundancia, NO SOMOS DELINCUENTES.
Somos gente buena, trabajadora, romántica, tenaz, alegre y de palabra. Como dice la canción: México es "Cuna de hombres cabales", como tu hermano, tu mejor amigo, tu padre y la mayoría de los integrantes de la selección de fútbol. Que las lagrimas derramadas por nuestros muertos sirvan para aclararnos las virtudes y fortalezas que tenemos todos los mexicanos quienes somos capaces de sufrir el dolor de los otros.
¡Tenemos que sobreponernos!
No es un presidente inepto, ni los policias timoratos, ni el sistema corrupto: es la sociedad, nosotros, quienes debemos trabajar por encontrar nuestros propios límites y dejar de tolerar un ambiente fuera de la ley. Tenemos que mantenernos informados pero con mirada crítica para elegir correctamente a nuestra clase política y educar a todos los hijos de México fomentando un profundo orgullo por lo que SÍ somos, trabajando con y por lo que nos hace sentir orgullosos de nuestra tierra tierra. Quien no siente apego nunca va a defender lo suyo.
Con toda honestidad:
Hoy que se me presenta la opción de no volver a México tomo la firme decisión de REGRESAR. Voy a volver a trabajar por mi tierra, a hacer mi vida y formar una familia porque en México esta el paraíso, y quien no pretenda luchar por defenderlo ¡que se vaya!.














