El lábaro patrio, la insignia de la
UNAM y una bandera de la comunidad
gay fue lo que cubrió el féretro con los restos de Carlos
Monsivais, en la ceremonia en su honor realizada hoy en el máximo recinto cultural de México, El Palacio de las Bellas Artes.

El discurso de despedida estuvo a cargo de la escritora
Elenita Poniatowska quien con su característica elocuencia generó sonrisas y lágrimas nostálgicas en los presentes.
En los corazones de quienes conocieron a
Monsi, en persona y por medio de sus escritos, retumbó con fuerza la frase central de la despedida de
Elenita "Qué vamos a hacer sin ti
Monsi"... palabras honestas y laicas que reflejaban el sentimiento de los intelectuales
mexicanos, quienes con toda su
racionalidad, siguen sin entender los misterios y amarguras de la ausencia.
La izquierda
mexicana, los
moneros, los
columnistas, los maestros, los escritores y los ciudadanos de a pie nos reunimos para despedir al Maestro, que con su muy particular
personalidad se hizo conocido de los lectores y los analfabetas. Se hizo querer por los que lo
leímos y los que nunca lo han
leído. Y quien se ganó además la primer plana del periódico la PRENSA que lo despidió con una foto en la que
aparecía sonriendo, no es sorpresa en la Jornada, pero significa halago para él su presencia en el periódico más leído, por aquellos a los que logró definir.
La afluencia que era
significativa a las 10:00 de la mañana se triplicó hacia el medio día.

Luego del discurso comenzaron a sonar los
mariachis con fuerza, el
nudo en la
gargante era inevitable por una vida vivida, una vida que no
fue desperdiciada. Se le despidió como se despide en México, con música, porras y rimas. Con la paradójica forma de ser de los
mexicanos nostálgicos y alegres, querendones y solemnes, escandalosos y entregados frente a las despedidas.
A lo lejos sonaron los
silindreros, alma de la Ciudad, y todos aplaudieron. Las guardias de honor fueron encabezadas por los personajes de la intelectualidad nacional.

Frente al féretro se veía una fotografía de
Monsi con uno de sus 13 gatos que le observaba como nosotros, le daban el toque humano a la figura del sabio.
Al terminar la ceremonia la multitud gritó "
gooooya,
goooya...", "viva por siempre
monsi", "es un honor estar con
Monsivais" y lo más simbólico, le cantó el himno nacional a un buen
Mexicano.
Así le dimos el último
adios nuestro cronista quien nos dejó un reto, una herencia y un trabajo
inconcluso a las nuevas generaciones. Queda resumido en el último texto explicativo de su museo "El estanquillo", en la sala "México a través de sus causas"... y se
trata del análisis, creación y
recreación de NUESTRA causa: la pluralidad y la tolerancia, en un país en el que sólo ha habido uno de todo.
***
Hasta siempre maestro, si usted así lo quiere,
dejenos a
Ju y a mí un par de sus gatos.