Era el perrito de la familia que nos acogió en Madrid. Él fué el primero en adoptarnos.
Escuchaba la puerta abrirse con los pasos peculiares de las "mexicanas" y subía, a toda velocidad, para recibirnos con alegría.
Premiabamos su cariño compartiendole comida y cuando nos fuimos de Madrid, para volver a México, se paró en la puerta para decir adiós...
Pensé que volvería a verlo. Era mayor: sí, pero pasó el tiempo como un tirano, sin darme cuenta...
Cuando uno ama ese amor hace feliz y también duele.
Luego de hacer vínculos lejos, se comienza a vivir una doble vida: la de aquí y la de allá. Se paga el precio.
Hoy te lloro Brock.
Será duro (un día) volver y que tú no estés.
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