Llegué a casa, encendí la computadora y entonces me encontré con un correo, escrito en México, en el que me avisaban sobre la muerte de uno de mis GRANDES amigos de la prepa.
Lo primero que hice fue confirmar la información. En un comunicado de policía aparecía su nombre, su edad y la descripción del percance que sufrió en la carretera de Mérida a Progreso y que le arrebató la vida.
Apenas se puede lidiar con los pensamientos que vinieron enseguida: mezclas ácidas de recuerdos de nuestras vivencias juntos y de un sueño que tuve en esa semana en el que veía a alguien muy joven muerto y al que tendríamos, los presentes y yo, que ayudarle a renunciar a la vida. Al impacto le siguieron abscesos de dolor y sobre todo el vacío interno que se ensancha mostrando el espacio específico que ocupaba esa persona en tu vida.
Luego vinieron las preguntas lógicas ¿Porqué?, ¿Cómo estará su familia?, ¿Habrá sufrido?; y las existenciales ¿Todos tendremos un destino?, ¿Cómo puedo estar yo a punto de graduarme y él muerto?...
Cuanto dolor me causó saber que nunca más volveríamos a encontrarnos. Muchísimo dolor. Insufrible.
Jorge era un chico sumamente guapo, estuve enamorada de él secretamente durante todo el primer curso de preparatoria. Creo que alguna vez se lo confesé, pero con la madurez que lo distinguía y que también lo hacía actuar como "chico malo" me hizo saber que yo siempre sería su amiga y que era incapaz de lastimarme... En realidad no había gran diferencia entre ser amigos y ser novios. A esa edad y sobre todo con mi muy particular forma de ser, la diferencia es interna, radica en la intensidad de las emociones que me produce la cercanía del susodicho y en realidad tampoco para él era muy diferente el lugar de- mejor amiga- y el de -novia-. Quizá la esclava que traía en la muñeca no decía mi nombre pero el mayor tiempo lo pasaba conmigo. Nos sentábamos juntos en clase, salíamos a dar la vuelta por el cenote en los descansos, íbamos a comer a restaurantes caros y de moda (sus preferidos), lo acompañaba a comprarse ropa, nos hacíamos regalos, veíamos películas en mi casa y estudiábamos en la suya (a pesar de que mi familia prefería no dejarme ir a casa de ningún chico por aquello de la mala imagen, algunas veces me dejaron ir a casa de Jorge). Nos queríamos mucho.
Siempre sentí que yo lo quería más que él a mí. La verdad es que no. Los dos nos queríamos mucho. Nos ayudábamos. En su momento fué el personaje central de mi vida.
Luego los caminos se dividieron pero nunca perdimos contacto y tampoco dejamos de querernos.
Cuando me enteré del accidente tuve el impulso de leer nuestras conversaciones por messenger, que además fueron las últimas. Él se fué a vivir a Mérida un par de años atrás y ya desde antes había cambiado su lugar de residencia así que nuestra comunicación se volvió virtual.
El testimonio estaba ahí retando a lo imperfecto de mi memoria, sin embargo el dolor no permitió tener las fuerzas de recrearlo tan lúcidamente.
Hoy las leí. Hoy que hablé a México y me dijeron que mi gato el güerito no volvió y que la vecina afirma haberlo visto muerto. Esto dice la última conversación con Jorge guardada en mi laptop en 2008 año en que perdí al Chacho mi otro gato:
JAAA: oye y por cierto no te me pongas triste
***Velfu*** :( se murió mi gato
JAAA: bueno pero todo tiene solucion no te entristescas mejor vive la vida al maximo y soriele
***Velfu***:D por eso extraño tanto a mi amigo jorge!
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