Todas las paradas son anunciadas a bordo por una voz clara, que además indica el día y la hora "Son las 16 horas del día 30 de junio", dice.
Abajo, en las paradas, único y absoluto lugar donde se detiene el autobus, hay también un altavoz que informa sobre el tiempo de espera a los usuarios, cuando aprietan un boton, "Próximo autobus Hortaleza- Sevilla 4 minutos",este tiempo siempre es cumplido.
El boleto del metro funciona también para el autobus y al subir se introduce en un aparato que marca con la hora el pequeño papel con reverso rosa. Cuando suena bip, los pasajeros saben de la validez de su tiket y caminan a buscar lugar para sentarse. Si no se cuenta con uno abono de transporte el conductor cobra en efectivo el euro que cuesta cada viaje y entrega a cambio un papelito que sirve de comprobante a los inspectores que con alguna periodicidad se suben para verificar el buen funcionamiento de la unidad.
Los camiones tienen grandes ventanales por las que se puede observar desde lugar preferencial la Ciudad. La compañía maneja también los turibuses así que el transporte público tiene el mísmo concepto de comodidad y buena vista. Todas las rutas pueden ser consultadas por internet. Los EMT le dan movilidad a Madrid y son parte de la fisonomía de la Ciudad.
A bordo se cuenta con calefacción en invierno y con aire acondicionado en verano, internet inalambrico, cámaras de seguridad y asintos especiales para discapacitados, ancianos y futuras madres. De esto último es de lo que trata este post.

Estos asientos, marcados en color verde cuando el resto son azules, o azúl cuando el resto son rojos. Se encuentran casi a la entrada, tienen el doble de espacio, permite estirar las piernas, acomodar el bastón, colocar las bolsas del supermercado o en su caso acomodar al perrito guía para los ciegos sin que obstruya e paso.
Son los más cómodos de todo el autobus. Normalmente se encuentran disponibles y es fácil saber que cuando alguién se apresura a ocuparlos se trata de un extranjero, un turista o alguien a quien se le descompuso su auto y no utiliza con regularidad el transporte público.
El resto del tiempo se asemejan a una silla eléctrica. Nadie quiere ocuparos. Se sucitan acaloradas discusiones para decidir quién debe quedarse con ellos. Desatan feroces miradas, sonrrojos involuntarios y lo peor: crisis existenciales. Quien allí se sienta es observado y se siente criticado.
Aquél que por casualidad acepta quedarse con en sitio, casi siempre alguien con las sienes plateadas, observa con ansiedad a quienes suben. Cuando encuentra alguien con una cana, se levanta a prisa y ofrece el sitio "señor por favor tome el lugar", el señalado, contesta cortante "no gracias, me bajo enseguida" y observa con terror a quien le cede el asiento como un compañero del cole de su padre, un ruco, un vejete, ¡un anciano!, ¿cómo se atreve a darme el asiento a mí este pobre viejo?", grita su voz interna. El que a regañadientes acepta el cambio se observa inquieto, con ganas de llegar pronto a su destino. Se le ve descolocado y procurando asumir secretamente el tiempo que aparenta.
Otros con mejor sentido del humor lo toman desde el principio y hacen chistes con su acompañante: "¿a cuál de estos me parezco?"
Todos los días y a todas las horas en cada autobús EMT hay una persona que se siente demoralizada por haberle tocado -la silla eléctrica-. Hay que decir que aquí la población de ancianos es mayoritaria, es decir, decir el autobus va repleto de cabecitas blancas, pero ninguna quiere sentarse en los asientos que oficializan su edad.
Existen múltiples campañas para el respeto a los mayores. Es común escuchar en la Universidad y en las conversaciones familiares exortos a los jóvenes a ser educados y darle el asiento a los viejecitos, sin embargo nadie se pregunta si realmente ellos quieren que les den el asiento. ¿Realmente esto significa tratarles con dignidad? o por el contrario les hace perderla de poco a poco y cada que se suben al autobús.
Un españolito otoñal pero que aun le falta mucho para pertenecer a las filas del INSEN me dijo al respecto: "¡Qué miedo": cualquier día alguien puede cederme el asiento azul" y se escuchaba como alguien condenado a la silla eléctrica en espera de su fecha para ocuparla.

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